
Las comparaciones con otros juegos no se han hecho esperar, pero debo admitir que soy un tanto inexpertaen los RPG de fantasía oscura. Por eso, en lugar de determinar si The Blood of Dawnwalker está a la altura de otros títulos, quiero contarte cómo funciona por sí mismo y qué se siente jugarlo cuando simplemente te dejas llevar por su mundo.
En una época en la que muchos videojuegos buscan llevarnos rápidamente de un objetivo al siguiente, Dawnwalker hace prácticamente lo contrario. En lugar de eso, te obliga —por decirlo de algún modo— a adentrarte a la historia, a detenerte, escuchar conversaciones, observar a los NPC y tomar decisiones que pueden cambiar el rumbo de tu aventura.
Y eso es precisamente lo que más me ha sorprendido como alguien que no está acostumbrada a este género.
Ambientado en una Europa medieval azotada por la peste negra, The Blood of Dawnwalker nos presenta un mundo sometido por una dictadura de vampiros —los Vrakhiri— que controla a la población bajo la promesa de una cura con un precio muy particular: sangre.
Y es precisamente dentro de este mundo donde comienza la historia de Coen.
UNA HISTORIA QUE SE CONSTRUYE CON TUS DECISIONES
El prólogo cumple una de las tareas más importantes de cualquier RPG: hacerte querer saber qué sucede después. Desde los primeros momentos del gameplay, el juego deja claro que nuestras decisiones tienen consecuencias, pero el verdadero punto de quiebre llega cuando Coen se convierte en vampiro.
A partir de ese momento, la historia queda marcada por una cuenta regresiva: 30 días y 30 noches para prepararlo para su búsqueda de venganza y encontrar una manera de salvar a su familia.
Pero Dawnwalker no se limita a decirte que tus decisiones importan. Construye un mundo sobre matices grises y, conforme avanzas, resulta cada vez más difícil separar a los personajes entre buenos y malos. Esta ambigüedad moral me parece uno de los puntos más interesantes y una de las razones por las que consigue engancharme a la historia.
Aquí casi todo tiene un precio y la pregunta recae en qué estás dispuesto a sacrificar para lograr tu objetivo.
UN MUNDO ABIERTO… ¿PERO TENEMOS TIEMPO PARA EXPLORARLO?
En teoría, un mundo abierto debería permitirnos explorar a nuestro ritmo. Pero es aquí donde aparece uno de los primeros dilemas de Dawnwalker: el tiempo.
Me gusta explorar cada rincón del mundo en busca de pistas, aventuras, armas, ítems y cualquier cosa que pueda estar escondida fuera del camino principal.

Y aunque, el mapa parezca extenso una vez que lo exploras te das cuenta que recorrerlo puede ser mucho más rápido de lo que parece. Con un poquito de ayuda, claro. *guiño, guiño* 😉
Pero aquí, lo que genera un conflicto con la mecánica del juego y mi propia manera de jugar es que explorar también significa decidir que estas dispuesto a dejar de hacer, haciendo que me pregunte:
¿Realmente puedes permitirte verlo todo?
Dejando de lado lo obvio, lo que realmente me gusta es que explorar no se siente completamente vacío. En una ocasión, por ejemplo, una interacción que parecía mínima terminó consumiendo 6 horas dentro del sistema de tiempo 🙃. Peeero… siguiendo esa misma ruta, terminé encontrándome con algo que me aportó más contexto sobre la historia previa al mandato de Brencis.
Sin duda no siempre sabes qué vas a encontrar, aunque siendo completamente justa, no todos los secretos valen la pena. Hay situaciones en las que explorar termina llevándote a ayudar a un viajero en apuros a cambio de… nada.
Pero incluso eso forma parte de la experiencia: descubrir que tomaste una mala decisión y tienes que vivir con ella.
NO ERES EL HÉROE PERFECTO

Si hay algo que The Blood of Dawnwalker deja claro bastante rápido, es que Coen no es el típico héroe que siempre sabe qué hacer.
Durante la aventura tienes que decidir a quién ayudar, qué camino tomar y, sobre todo, cómo emplear tu tiempo, sin que el juego te diga cuál es la decisión correcta.
Por ejemplo, puedes encontrarte con un NPC en una situación de vida o muerte, pero te encuentras en medio de otra misión y decides continuar porque parece más importante. Cuando regreses, quizá ya es demasiado tarde.
Pero una cosa es que un juego te diga que tus decisiones tienen consecuencias y otra muy diferente es conseguir que realmente te importe lo que estás decidiendo.
No eres el héroe perfecto. Eres alguien que tiene que tomar decisiones con la información que tiene en ese momento y aprender a vivir con lo que ocurre después. Muchas veces simplemente estás eligiendo qué problema estás dispuesto a dejar atrás.
DOS VERSIONES DE COEN, DOS FORMAS DE JUGAR

Una de las mecánicas que más me ha gustado es que la dualidad entre humano y vampiro de Coen modifica la manera en que interactúas con el mundo.
Durante el día, como humano, las interacciones con los NPC son más tranquilas y puedes interactuar con ellos sin necesariamente te vean como una amenaza. El combate con armas se siente más lento, pero puedes complementarlo con habilidades de brujería, por ejemplo, utilizar la propia salud de Coen para aplicar determinados efectos sobre los enemigos.
Durante la noche, como vampiro, la experiencia cambia.
Ser vampiro es mi parte favorita. 🧛♀️
La agilidad, la movilidad y las habilidades sobrenaturales hacen que el combate sea mucho más dinámico. Además, puedes desplazarte fácilmente por distancias más grandes y escalar determinadas superficies. Un extra es que, si sufres daño, es más fácil recuperar salud utilizando la sangre de algunos enemigos y animales.
Pero estas habilidades tienen un precio.
En determinadas conversaciones la sed de sangre puede convertirse en un problema. Si Coen tiene demasiada durante ciertas escenas de diálogo, puede aparecer un Quick Time Event y, si no reaccionas correctamente, puede dejarse llevar por su instinto y matar al NPC.
Y ahí es cuando piensas: “Bueno… creo que esa conversación no salió como esperaba”. 💀
Personalmente, algunas veces el dar rienda suelta a ese lado más salvaje de Coen causa un poco de remordimiento, pero considero que es parte fundamental de la dualidad con la que jugamos. El poder de elegir qué versión de Coen quieres utilizar en cada situación y qué consecuencias puede tener hacerlo.
Así que, sea cual sea tu forma preferida de jugar, tendrás que pensar bien bajo qué condición quieres enfrentarte a determinados enemigos o situaciones.
Elige sabiamente. 😈
EL TIEMPO: TU RECURSO MÁS IMPORTANTE
Uno de los aspectos más interesantes que The Blood of Dawnwalker mostró al mundo es su mecánica de uso del tiempo. Tienes 30 días y 30 noches para conseguir tu objetivo.
Rebel Wolves integra el tiempo directamente en las decisiones del jugador: cada misión o actividad consume una determinada cantidad de tiempo, obligándote a pensar qué quieres hacer y, sobre todo, qué estás dispuesto a dejar de hacer.


Al principio tengo que admitirlo, esta mecánica me hizo sentir bastante presionada pues no era del todo clara y pensaba que el tiempo avanzaba continuamente y que estaba desperdiciando horas cada vez que hacía cualquier cosa. Pero una vez que entendí cómo funciona realmente el sistema, la experiencia se volvió mucho más amena.
Porque ya no estaba intentando hacer absolutamente todo. Estaba decidiendo qué quería hacer y eso cambia completamente la manera de jugar.
¿TOMÉ LA DECISIÓN CORRECTA?
Un detalle que disfruto mucho del juego es que no siempre tienes la certeza in mediata de haber tomado la decisión correcta.
Muchas veces son los propios NPC, a través de sus respuestas y reacciones, quienes te permiten descubrir las consecuencias de tus actos y comenzar a imaginar qué pudo haber ocurrido si hubieras tomado otro camino.
Esa incertidumbre es lo que hace cada partida más personal y le da al juego un enorme potencial de rejugabilidad.
¿VALE LA PENA JUGAR THE BLOOD OF DAWNWALKER?
Todavía me quedan varias horas de descubrimiento por delante, así que esta no es una opinión definitiva sobre todo lo que The Blood of Dawnwalker tiene para ofrecer.
Pero desde mi perspectiva como alguien que no está acostumbrada a los RPG de fantasía oscura, puedo decir que sí recomiendo jugarlo.
Esperaba encontrarme con un juego que me hiciera sentir que tenía que aprender a jugarlo. En cambio, terminé queriendo descubrir qué podía pasar si simplemente tomaba mis propias decisiones.
Y creo que esa es precisamente la mejor manera de jugarlo: sin demasiadas expectativas y sin intentar jugarlo “correctamente”.
No intentes descubrirlo todo. No intentes tomar siempre la decisión correcta. No dejes que tu partida se vea influenciada por opiniones externas y “lo que deberías hacer”.
Déjate llevar.
Déjate envolver por los diálogos, las decisiones y las consecuencias. Deja que Coen sea humano cuando lo necesites y conviértete en el monstruo cuando sea necesario. Equivócate y construye tu propia aventura.
¿Y QUÉ NO ME CONVENCIÓ?
No todo es perfecto.
El sistema de tiempo es algo rebuscado que puede resultar confuso y hasta estresante al principio, especialmente si —como yo— tienes la costumbre de querer explorar cada rincón y realizar cada misión que aparece frente a ti.
Si bien estás dinámicas son una propuesta interesante, la necesidad de planificar en qué quieres gastar tus horas puede sentirse un poco tediosa. Al final, esa presión entra en conflicto con una de las cosas que más me gustan de los mundos abiertos: explorarlos libremente.
Además, la historia parte de conceptos que llevan mucho tiempo siendo explotados en diferentes entregas, por lo que no me parece especialmente novedosa. Lo interesante está en lo que Dawnwalker hace con esa idea.
En lugar de solo convertirnos en vampiro, la transformación de Coen lo coloca en una dualidad constante: dejar que Coen sucumba a su nueva naturaleza o intentar conservar lo que le queda de humanidad.
Ahí es donde The Blood of Dawnwalker encuentra su propia identidad.
No necesariamente en la idea de los vampiros, sino en la posibilidad de decidir qué clase de vampiro —y qué clase de persona— quieres que sea Coen.
Aunque, siendo completamente honesta, la parte divertida es precisamente dejar salir al monstruo y causar tu propio caos mientas intentas llevar a cabo una rebelión.

⭐ Mi puntuación: 4.3/5
Porque al final, The Blood of Dawnwalker no solo te pregunta qué quieres conseguir.
Sino algo mucho más difícil:
¿Qué estás dispuesto a sacrificar para conseguirlo?
