El “Pretty Privilege” es el trato preferencial que se le da a un individuo, solo por su aspecto físico. Esto ocurre porque nuestro cerebro está programado para leer patrones y reconocer figuras simétricas, hallando en ellas confianza y seguridad, que culminan en respuestas más positivas.
En la Edad Media, por ejemplo, era común ver la belleza física como muestra de virtud, relacionada, incluso, con una presunta inteligencia en los individuos. Tal premisa contrastaba con la fealdad, la cual era símbolo del vicio y de las malas intenciones; aunque, gratuitamente, obviaban los casos en que este patrón se aplicaba al revés.
Jawbreaker, de Darren Stein, aplica esta lógica y le recuerda a la audiencia que una cara bonita no implica buena voluntad, concluyendo en esta comedia negra llena de dramatismo, y una ejecución que carga en alto la antorcha de una predecesora: Heathers.
Esta historia nos presenta al clásico grupo de amigas de la secundaria: Lizz, Courtney, Julie y Marcie; amistad que enfrentaría un quiebre al llegar el día del cumpleaños de Lizzie.
Como cada año, Courtney y las otras organizarían un secuestro para la cumpleañera, pero esta vez, las cosas se salen de control, cuando Courtney amordaza a la chica con un rompemuelas, matándola por asfixia. Esto concluye en un pacto de silencio y una búsqueda desesperada por inculpar a alguien, a las vez que el secreto desgarra al grupo.
La tensión incrementa cuando una chica descubre, por accidente, lo que estas han hecho, y Courtney trata de sobornarla con clases de maquillaje y lecciones para socializar, revelando aún más su lado maquiavélico. De esa forma, Stein nos planea qué tanto puede abusar este personaje de su apariencia, y de la confianza que despierta en su entorno; pero, ¿cómo es que esta actitud repercute ahí?
Jawbreaker: El Pretty Privilege de “Satanás en tacones”
Courtney, también llamada “Satanás en tacones”, refleja toda la crueldad de Heather Chandler, pero llevada al delito. Es maquiavélica, narcisista, y por su falta de remordimiento, y agilidad para mentir, se le acusaría de psicópata – o, como mucho, sociópata -. Es evidente su falta de empatía y su frialdad controlando su entorno, cosa que se apreció más en los interrogatorios por la muerte de Lizz, siendo la única de las tres que no tembló ante la policía.
Lo mismo pasa cuando engatusa a la única testigo, una chica llamada Fern, a la que, luego, rebautiza como Violeta, y usa para amenazar a Julie de culparla de todo, si habla. “Satanás en tacones” en toda regla, pues, por muy bella que sea, es un peligro para todos los que la rodean.

Con Marcie ocurre algo parecido, quien presenta una interesante reflexión sobre la búsqueda de validación, así como sus consecuencias. Su personaje es tratado como el refuerzo para Courtney, pues, como muchos a los que esta controla, depende de su validación para sentirse valiosa.
Pero quien se lleva el mayor golpe es Fern, por más que se haga llamar Violeta y repita cual actriz las líneas que Courtney compuso para ella. No quita el que, originalmente, era una chica de poca autoestima y problemas para socializar, y que solo recordar esa etapa, la derrumba. Un arma clave para Courtney, en caso de que esta la amenace.
Pese a su bajo perfil, Fern es el personaje más interesante del film. De hecho, genera la impresión, no solo que es una chica lesbiana (algo rupturista para la época), sino que es autista; algo todavía más radical. Es decir, está claro que tiene problemas para comunicarse y socializar, pero tras compartir curso con Lizz, dio a entender dos cosas: está profundamente interesada en ella (y en su cabello), y su concentración más absoluta orbita en los lunares que Lizz lleva en su nuca.
La cereza del postre llega cuando la maestra le pide que le lleve a Lizz sus deberes (razón por la que descubre su crimen) y, antes de entrar en su casa, ensaya un conversación con ella, donde, para colmo, elogia su cabello, mientras su rostro se ilumina de júbilo. Más autista, y lesbiana, imposible.

Con todo esto, se puede comprender cómo asume sin más el discurso de Courtney; los autistas, después de todo, para sobrevivir a su entorno, desarrollan una personalidad camaleónica, que toma los aspectos que otros esperan, evitando así conflictos. El Masking. Por lo general, sostener esa farsa consume cantidades industriales de energía, pero Fern lo compensa con un refuerzo que nunca tuvo anteriormente: la atención del resto.
Lo malo es que este perfil tan idealizado contrasta con aquellos que se mueven desde la autenticidad, y saben cuando alguien solo quiere validación, creando fricciones. Ejemplo: los desacuerdos con Julie, y posteriormente con su futuro novio. La pieza clave para desenmarañar este puzzle: Zack Taktak.
Zack Tartak, el actor que representa lo que SÍ es

El personaje de Zack tiene una ironía deliciosa. Es un estudiante de teatro con experiencia en montaje escénico. Un actor. Alguien que representa lo que no es. Justo como sus compañeros es esta obra llamada “la vida en la Secundaria”. La diferencia es que Zack, cayendo el telón, deja de interpretar a su personaje y vuelve a ser el chico que sabe que es, sin esperar aplausos por ello; sus compañeros no. Y lo peor de todo es que, si los alumnos descubren quién está bajo el disfraz, se acabó; las burlas caen sobre ellos, seguido de un profundo silencio de parte de quienes, para colmo, nunca se interesaron en estos, solo que ahora no hay motivos para ocultarlo.
Con esta premisa, Zack da a entender que el mayor miedo de estos muchachos es el aislamiento, algo que, para él, tampoco es tan terrible. De hecho, cada tanto suele aislarse en su “espacio seguro”, léase: un teatro desmantelado, donde puede reflexionar, así como descansar del ajetreo diario. Un verdadero “anti-sistema”.

La autenticidad de Zack creó un contraste profundo con estos personajes tan empeñados en ser lo que no son, a la vez que se hizo un pilar para aquellos que lo necesitaron. Tanto Julie como Fern conocen su transparencia, encontrando allí un impulso para ser ellas mismas. Con todo eso, hasta se puede presuponer que Zack es un ejemplo de “masculinidad positiva”; pero por ahora, veamos su principal acierto: su autenticidad, y su aceptación del otro.
Al volverse un espacio seguro, Julie puede abrirse a contarle sus problemas; se siente con la confianza de explicarle por qué las fricciones con sus amigas, terminando en aquello que más la atormentaba: la muerte de Lizz; y como Zack es transparente, se dispone a ayudarla, con la condición de que esta diga la verdad. Y algo interesante de este punto es cómo hace honor al verso “la verdad los hará libre”. Julie coopera para hallar pruebas contra Courtney; Fern, que es expuesta por la misma, pero que encuentra un refugio en Julie y Zack, decide también confesar; y Courtney, la reina del baile, recibe una probada de su propia funa, justo en el momento de mayor atención para ella.
Algo interesante de que la “gran revelación” ocurra en el Baile de Graduación, es que extrapola los favores que Courtney recibió por su apariencia física, y la actitud que cultivó al abusar de estos mismos. Se ve así la verdadera cara de “Satanás en tacones”, una persona narcisista, inescrupulosa, que trata a sus compañeros como meros accesorios para vanagloriar su ego.
Otro punto interesante de esta escena es el castigo para Courtney; sus compañeros le arrojan muñones de flores, furiosos, como cuando lapidan a la mujer adúltera, exhibiéndola como este ser impío que contamina a su comunidad.
Ahora bien, algo que no deja de sonar en esta historia es cómo, al final del día, todo este teatro no ocurre, sino porque hay gente dispuesta a validarlo, gente que se proyecta en dotes ajenos y permite rebajarse ante estas figuras idealizadas, soñando, algún día, poder parecerse a ellas. Grave error. A personas como Courtney solo les importa sacar provecho de la atención de los demás, sin importar qué tan bajo llegue a caer en sus humillaciones. No ven lo que los demás ofrecen, y tampoco se muestran cómo son realmente, porque, como en la escena del baile, solo consiguen que los desprecien.
Por lo mismo, la cinta propone romper con estas ideaciones, invitando a los individuos a expresarse de formas más auténticas, no tan cargadas a un rol, porque las personas que se interesan en ti, no van a esperar que llenes una check-list para agradarles. Algo a considerar, más en estos tiempos, donde los filtros de Instagram moldean para los jóvenes cómo deberían verse, aún si estos estándares minan su autoestima; porque si, de una vez, revocamos esas regalías aspiracionales, ya no hará falta pre-fabricar tanto nuestra imagen, y con más gente como Zack, empática, auténtica y concecuente, nuestras relaciones irán a mejor.
