En los últimos años nos han llovido las biopics de artistas legendarios. Parece que el último paso para elevar un mito es darle su propia película, y en este caso no es la excepción. El desafío era enorme: estamos hablando de Michael, el icono pop más grande de la historia. Dirigida por Antoine Fuqua, esta cinta no es solo una peli, es un evento que busca reconectar al público con la magia del “Rey del Pop”, usando la nostalgia y el talento de su propia familia como bandera.

La estirpe en el escenario: El factor Jaafar Jackson
Desde el arranque queda claro que la producción es técnica y visualmente abrumadora. La recreación de las épocas, desde la humilde Gary hasta la locura de Neverland, es impecable. Pero la verdadera magia está en la actuación. Muchos éramos escépticos y creíamos imposible recrear la vibra, el baile y el carisma de Michael en la pantalla grande… y vaya que nos equivocamos.
La elección de Jaafar Jackson para interpretar a su tío generó dudas al principio, pero en cuanto se apagan las luces, todo eso se olvida. Jaafar no solo imita; encarna. Su parecido físico es, por momentos, inquietante, pero el milagro ocurre en la suavidad de su voz y la precisión de sus movimientos. No se siente como un actor disfrazado, sino como una extensión del legado familiar.

Acompañando esta transformación, Colman Domingo devora la pantalla como Joseph Jackson. Su interpretación nos aleja del brillo de los neones para recordarnos el costo del éxito. Domingo nos muestra a un Joe severo y maquiavélico; un hombre que, huyendo de la pobreza, terminó siendo el carcelero de los sueños de sus propios hijos. Esa dinámica de miedo y búsqueda de aprobación es el motor emocional de la historia.
Un viaje por la cronología del éxito
El ritmo de la película fluye increíble. El primer acto con los Jackson 5 es una joya; el pequeño Juliano Krue Valdi hace un trabajo excepcional mostrando la vulnerabilidad de un niño prodigio que, mientras el mundo lo amaba, lidiaba con la falta de una infancia normal.
La transición hacia la era de Off the Wall y el fenómeno de Thriller tiene un dinamismo visual brutal. Fuqua logra que te sientas dentro del estudio de grabación, siendo testigo de la independencia creativa de Michael. Aquí entra Miles Teller como John Branca, mostrándonos la parte estratégica detrás del imperio.

Entre el mito y la realidad: El dilema del “buenismo”
Hay que ser honestos: Michael tiene una agenda clara. Al tener el respaldo del patrimonio del cantante, el guion de John Logan prefiere la leyenda sobre la controversia. La cinta usa un “guante de lentejuelas” para pasar por alto los momentos más escabrosos y los líos legales de sus últimos años.
La historia termina antes de que las acusaciones de abuso infantil se volvieran el foco principal de su vida, prefiriendo mostrarlo como una víctima de su propio éxito y de la presión de los medios. Esto convierte a la película en una especie de fantasía donde Michael es un genio incomprendido y un niño eterno.

Si tuviera que señalar algo flojo, es que al intentar abarcar tanto, algunos momentos se sienten huecos o quedan “al aire”. Es obvio que la vida de alguien así no cabe en dos horas (de hecho, la peli da pistas de una posible continuación), y aunque hay aspectos que podrían abordarse mejor, el resultado es un espectáculo que te hace querer cantar desde la butaca.
¿Por qué ir a verla?
Más allá de los debates sobre qué se cuenta y qué se omite, Michael (2026) es una experiencia obligatoria. Lo que justifica la entrada es:
- La puesta en escena: El detalle es obsesivo, desde la recreación de Tower Records hasta el set de “Thriller”.
- Música y sonido: Los nuevos arreglos y la potencia vocal son estremecedores.
- El vestuario: Ver a Jaafar con prendas originales de Michael le da una autenticidad que pocas biopics logran.

La película de Fuqua es un homenaje vibrante que busca que recuperemos la inocencia ante la música. Es una carta de amor a un legado que sigue siendo el estándar de oro del pop. Si buscas la “verdad absoluta”, quizá este no sea el lugar; pero si quieres recordar por qué Michael Jackson fue único, saldrás de la sala queriendo bailar bajo la lluvia.
