En el marco de La Mole,tuvimos el placer de charlar con Vanila Rider, la talentosa ilustradora detrás de la estética de uno de los juegos que más ha dado de qué hablar recientemente por su encanto y sabor local: el proyecto de “Pancito”.
El origen de una vocación
Para Vanila, el dibujo no fue una elección al azar, sino una herencia familiar. “El gusto por dibujar lo adquirí de mi mamá”, confiesa la artista, quien desde pequeña sintió la inquietud de plasmar ideas en papel. Sin embargo, el momento definitivo ocurrió en los pasillos de las convenciones. Al asistir a eventos como La Mole y observar a profesionales dedicarse de lleno al arte, nació en ella la meta de ocupar un lugar en la industria.

Una colaboración horneada con amistad
La entrada de Vanila al mundo del desarrollo de videojuegos se dio de forma orgánica a través de la colaboración con su colega Fayer, un desarrollador con una década de trayectoria originario de Chilchota, Michoacán (un pueblo de tradición panadera).
Aunque ambos mantenían una amistad de años, nunca habían coincidido en un proyecto técnico hasta que Fayer le propuso integrar su estilo artístico a una idea centrada en la cultura mexicana.
“Sentimos padre que en un videojuego podamos representar un cachito de lo que nos gusta y del cariño que le tenemos [al pan de dulce]”, comenta la ilustradora.

Superando los retos del desarrollo independiente
Como todo proyecto creativo autogestionado, el camino no estuvo exento de dificultades. Vanila señala que el mayor reto fue la gestión de recursos propios: tiempo y dinero. No obstante, la clave del éxito para finalizar el juego fue la ausencia de presión externa y el enfoque en el disfrute del proceso.
El “Top 3” de una experta en pan
Siendo el pan de dulce el protagonista de su obra, era obligatorio preguntar por sus favoritos. Para Vanila, elegir uno solo es imposible, pero su podio personal lo ocupan:
- El cubilete de queso.
- La oreja.
- La piedra con chocolate.
Un consejo para futuros creativos
Al cierre de la entrevista, Vanila Rider compartió una reflexión valiosa para quienes desean incursionar en la ilustración o el concept art: “No hay proyecto tan chiquito que no valga la pena hacer”.
La artista enfatiza que a veces el perfeccionismo detiene a los creadores en su afán por hacer “obras maestras”. Su filosofía es simple pero poderosa: “Make it exist first” (Haz que exista primero). El acto de crear es valioso en sí mismo, y siempre habrá tiempo para perfeccionar después.
