Si has estado scrolleando por Tik Tok, seguramente habrás visto extractos de cierto musical; una obra dinámica y colorida, pero con la oscuridad de un agujero negro arrebatando a todos sus esperanzas. Hablamos de Heathers, originalmente basada una cinta de Michael Lehmann (1989), protagonizada por Winona Rider y Christian Slater.

La obra retrata las experiencias de Verónica Sawyer, en su último año de Preparatoria en el Westerburg, luchando por sobrevivir a la violencia escolar, mientras descubre el amor en un misterioso joven. Una escalada de eventos que la llevará a involucrarse en el asesinato de tres compañeros.
El relato de Lehmann abordó los estragos mentales que causa un entorno abusivo, así como la necesidad juvenil por “pertenecer a un grupo”; pero, al mismo tiempo, abarca la segregación en una sociedad capitalista, siendo la escuela un micro-cosmos de la misma.
Entre los puntos tratados está el abuso, el machismo, el peso tras las celebridades y la apatía frente a los casos de suicidio; pero, ¿cómo se reflejaron estos dilemas en su narración?
01. Heathers: un micro-cosmos de la sociedad capitalista

Lo primero a resaltar es la segregación de los alumnos, con el escalafón más bajo ocupado por los nerds; una representación de los futuros “trabajadores obedientes”, los mismos que salen al mundo laboral con la promesa de alcanzar cargos importantes, solo para ser los mandaderos de los “verdaderos ejecutivos”. Es hasta cruel, pues los tienen produciendo calificaciones para el beneficio de su escuela, la que los tiene a la deriva durante su formación, aguantando un sinfín de humillaciones, ¿y para qué? Para salir al mundo a ser explotado por las grandes empresas.
En paralelo a los nerds tenemos a los bullys, sujetos cuya razón de ser es demostrar su fuerza por medio de la violencia, pero que su único fin es ocultar sus carencias. Este papel es encarnado por Kurt y Ram, quienes aprovechan su fuerza para intimidar a sus compañeros; lo que estos no imaginan es cómo el dúo es víctima del abuso de sus propios padres, quienes los agreden con el fin de demostrar “su hombría”.
Este punto es hilarante; cómo dos adultos, supuestamente maduros, golpean a dos adolescentes para demostrar que son “más hombres que ellos”. Por lo mismo es que, después, llegas a empatizar con estos muchachos, quienes no merecen tales humillaciones. Te hace desear defenderlos, inclusive.

Por otro lado, tenemos a las Heathers, las matriarcas de las “chicas plásticas” (Mean Girls, 2004); un retrato de las celebridades hollywoodenses que encarnan este ideal de belleza y riqueza. Lo interesante de estas chicas yace en cómo los alumnos fantasean con su aprobación, como si, al agradarles, pudieran recibir cierta clase de status. Este nivel de control le permite a las Heathers aprovecharse de quien tengan al alcance, y en cuanto dejen de ser útiles, desecharlos.
Cabe destacar cómo estas tres niñas llevan el mismo nombre: Heather. Es cierto que sus apellidos son diferentes, léase: McNamara, Duke y Chandler; pero que las tres compartan el nombre refleja una constancia muy interesante: las Heathers no son personas, son ideas. ¿Qué significa esto? Básicamente, las tres encarnan lo que deben ser para recibir aprobación, perdiendo toda clase de individualidad, e incluso, humanidad.

Finalmente, la Dirección del colegio refleja la indiferencia de las instituciones públicas ante las necesidades de la ciudadanía. Existen como jerarquía, y como intermediarios entre los conflictos de su comunidad, pero se comportan como meros burócratas, despreocupados ante los problemas de sus estudiantes, pues parten por la lógica de que “actúen o no, su sueldo les llegará igual”.
La única que demuestra un interés por ayudar es la profesora Fleming, pero como es la única docente (y es mujer), sus colegas la toman por loca, y no es hasta que cierto conflicto se agrava que, por lo menos, le dan la oportunidad de intervenir.
De esta manera, la escuela expone las estrategias con las que el Capitalismo mantiene el control de la población, restringiendo el poder del Estado frente a economía y materias sociales, desincentivando el desempeño de las instituciones públicas, y aplicando en los individuos el llamado “Poder Blando”, o “Soft Power”. Este último, visto como las diversas estrategias de manipulación en la que los alumnos se ven inmersos, ya sean ilusiones aspiracionales, estándares inalcanzables, o preceptos nocivos sobre cómo deben comportarse; pero por sobre todas las cosas, la indiferencia hacia el malestar ajeno.
Ahora bien, Heathers no es solo una historia sobre el “Soft Power” sometiendo a una comunidad; también es una radiografía de sus estragos psicológicos y emocionales, ¿pero cómo son reflejados?
02. Las víctimas del Soft Power en el modelo Capitalista

El común denominador entre los alumnos del Westerburg es que “todos son víctimas”, desde las propias Heathers hasta el alumno más solo. El Soft Power los obliga a aceptar un rol en su jerarquía casi por inercia, y sus alumnos lo tienen tan normalizado que nadie es capaz de intervenir.
La casta de los impopulares debe sufrir las burlas de sus pares por no cumplir con los cánones establecidos. Martha, la mejor amiga de Verónica, es maltratada por su gordura, y sus compañeras se mofan de ella porque está enamorada de Ram, el cual la desprecia por no ser delgada.
Este último no se queda atrás. Él y Kurt reciben palizas de sus padres bajo un ideario machista; violencia que, luego, descargarán en sus compañeros, buscando retomar agencia.

Por su parte, las Heathers cargan con el peso de sostener su propia fantasía, lo cual les lleva a autodestruirse. McNamara es la líder de las porristas, razón por la que debe verse siempre animada y sonriente; pero en cuanto la tristeza empieza a consumirla, sus propios seguidores la menosprecian. Duke pasa por lo mismo; es la sombra de Chandler y no puede decir una palabra sin que su compañera la reprima; a esto se suma la bulimia que arrastra, presa de la delgadez que debe mantener para “ser bella”. Y Chandler… es Chandler.
La proclamada “Abeja Reina” es un compilado de los trastornos antisociales que más abundan en su estrato social; es manipuladora, abusiva, con nula empatía, y una necesidad desesperada por atención; pero, aunque parezca irónico, todo es una barrera frente sus inseguridades, así como al miedo a no ser vista.
En el musical no se profundiza mucho, pero la cinta del 89′ no miente. Chandler se degrada ante un alumno de universidad claramente mayor a ella (y que no desea), todo para no demostrarse vulnerable. Lo más triste es cuando se mira al espejo mientras se enjuaga la boca (dejando en claro lo que ha hecho), y escupe a su reflejo con rabia, enfatizando el desprecio que siente por ella misma, o mejor dicho, ese lado más débil.

En cuanto a Verónica, se crea un contraste entre lo que esperan de ella y sus propios principios. A diferencia de sus compañeras, ella es empática y detesta herir a otros, pero también desea esa dopamina que le da la popularidad.
El problema de Verónica es que es tan influenciable como los otros alumnos, y es que, como todos, quiere pertenecer a un grupo, aún cuando ni ella misma sabe quién es. Al menos, durante su aventura, va descubriendo qué aprueba en su vida y qué no. Y este es un contraste importante entre ella y su novio, Jason Dean; un personaje, cuanto menos controversial.

El novio de Verónica, también conocido como JD, es lo que uno piensa con la palabra “antisocial”. Es retraído, silencioso, y alguien “con muchos secretos”. En el musical es presentado agarrándose a golpes con Kurt y Ram, pero en la cinta aparece con algo peor: un revólver con el que dispara a sangre fría contra los bullys; un for shadowing de lo que hará más adelante.
En general, es la combinación de los tres antagonistas anteriores, pero más maquiavélico y elocuente. Un sociópata en toda regla. ¿Pero de dónde viene todo esto?
Como su padre es dueño de una compañía de demolición, debe viajar con él, constantemente, por todo el país. No tiene un lugar al que pertenecer, las personas a su alrededor son vistas como transitorias, motivo por el que le son tan vacuas, y el vaivén en su vida le ha impedido crear conexiones saludables. La cereza del postre fue el suicidio de su madre, quien se introdujo a un edificio que su padre debía demoler, justo cuando los explosivo hicieron lo suyo. Esta tragedia tampoco fue abordada debidamente por el señor Dean, quien solo ignoró a su mujer y siguió trabajando, terminando de romper el corazón de Jason.
Este último incidente fue una lección brutal para el mismo: nadie toma en serio a los suicidas. Una cruda lección sobre la maquinaria del Capitalismo, para el cual, si no puedes producir, o consumir sus productos, no sirves. Por ello hace pasar sus crímenes por suicidios, porque sabe que la comunidad lo ignorará. Y que mejor que hacer esto con los “chicos populares”, quienes viven para la atención de las masas, y tras caer el telón, solo son otra cifra más en las estadísticas nacionales. A sus ojos, un castigo más que apropiado.
Lo más interesante de estos ataques es cómo usa pequeños símbolos que desvían la atención de las autoridades. Con Chandler, tras engañar a Verónica para darle de beber soda cáustica, usa su copia de La Campana de Cristal, vendiendo la idea de que “solo era una pobre chica empujada por el sistema para darse valor a través de la belleza”; y con los muchachos, tras dispararles en el bosque, los vende como una “pareja homosexual que oculta su amor en una fachada de masculinidad hegemónica”.
Lamentablemente, sus jugarretas generan un caos colectivo, llevando al exterior sus ideaciones más tóxicas. McNamara confiesa que la mala actitud de sus compañeros, así como la muerte de sus amigos, la han llevado a desear estar muerta, cosa que sus admiradores no toma de la mejor manera; y Martha, tras perder a Ram, y encima tener que soportar el desdén de los demás, se arroja entre los autos con una carta pegada al pecho.
Pese a todo, el arco de JD refleja la búsqueda desesperada por generar un cambio, quizá superficial, pero un cambio a final de cuentas. Sí, los liberales del sofá le dirían que “esa no es la forma”, y tienen razón, pero no quita que el Soft Power condicionó tanto a la comunidad, que solo un elemento caótico les haría actuar. Pero, ¿qué otras formas habían de abordar estas problemáticas?
03. Hybris, Areté, y una respuesta al Soft Power Capitalista

Está claro que Jason quiere un cambio, igual que Verónica; pero también que sus métodos son tangencialmente opuestos. Él quiere aplicar una violencia contestataria, pero ella busca actuar bajo la empatía. ¿Pero por qué el método de Verónica resulta una mejor alternativa?
La propuesta JD, para los griegos, cabe en el término “Hybris”; una actitud soberbia que nos lleva a propasarnos con nuestro entorno, detonando un caos que, eventualmente, se vendrá en nuestra contra. Verónica, en cambio, se inclina por el “Areté”, o la virtud; un individuos que conoce sus cualidades, así como da todo de sí para crecer en su potencial, de manera que estas cualidades se tornen un beneficio para su comunidad, que, en retrospectiva, se verá reflejado en sí mismo.
Al matar a sus compañeros, Jason recrea el trauma de perder a su madre, y en cierta forma calma la rabia en su interior; pero mantiene el sistema intacto, volviendo su cruzada una respuesta más cosmética. Verónica, por su parte, le da un espacio a todos de ser vistos; consuela a McNamara cuando pretende ahogarse a pastillas, comparte con Martha para que no sienta que está sola, y aterriza a Duke, y a todos los alumnos que todavía esperan ponerse sobre los demás bajo fines narcisistas.
La profesora Fleming tampoco se queda atrás, y si bien no abordó el conflicto con los actores principales, permitió la creación de espacios seguros, donde los alumnos podían hablar de sus problemas y ser escuchados, sin temor a ser agredidos o a ser invisibilizados.
Es cierto que esta Gran Estructura no puede demolerse con explosivos, y que Westburg deberá seguir trabajando estos aspectos, incluso después de que sus protagonistas se gradúen, pero es un comienzo, uno que no necesita unas Heathers que vendan placebos, sino del esfuerzo y la constancia de una generación que crea en el cambio; pues el Soft Power del Capitalismo podrá poner todos los puntos para que, incluso sin querer, cortemos donde nos digan, pero así como claman que somos “libres de elegir”, entonces no hay motivo para no apartar esas tijeras, quitarles ese moño de color carmín, y decirles, con un beso en la mejilla, que ahora mandamos nosotros.
