Imagínate esto: un padre y una hija interpretados por Paul Rudd y Jenna Ortega van manejando por una carretera. De repente, ¡BAM! Atropellan algo… pero no es un ciervo, ni un perro. Es un unicornio. Y no, no es el de los cuentos de hadas. Así arranca “La Muerte de un Unicornio“, una película que mezcla sátira social, terror sangriento y comedia negra.

Unicornios, Dinero y Mucha Sangre
Tras el accidente, Elliot y Ridley se dirigen al refugio natural de los Leopold, donde Elliot descubre que el cuerno del unicornio tiene propiedades curativas. ¿La solución lógica? Intentar venderlo, claro. Pero entre los festejos por descubrir el elixir de la vida eterna, pronto se darán cuenta de que aquel unicornio les traerá más problemas de los que imaginaban.

Will Poulter Es el Rey de la Película
Si hay algo que “La Muerte de un Unicornio” hace a la perfección, es entretener. El humor surge de la exageración grotesca de los Leopold, una familia tan desconectada de la realidad que su codicia roza lo cómico. Y en medio de todo eso, brilla Will Poulter como Shepard Leopold, el hijo mimado y completamente inútil de la familia. Poulter roba cada escena con su combinación de egoísmo absurdo, gestos exagerados y frases tan ridículas que es imposible no reírse. Es el personaje que nadie sabía que necesitaba: un fuckboy millonario que cree que el mundo gira alrededor de él, incluso cuando hay unicornios asesinos sueltos.
Los unicornios, por cierto, son otro acierto. Olvídate de criaturas mágicas y delicadas: estos son depredadores gigantes, con la fuerza de un rinoceronte y la agilidad de un felino. Son bestias de pesadilla, no de cuento, y cada aparición suya garantiza escenas de terror bien ejecutadas.

Una Crítica audaz (Pero Poco Profunda)
La película no se guarda nada al criticar a los ultra ricos. Los Leopold son una caricatura obvia —pero efectiva— de esas dinastías farmacéuticas que prefieren ganar millones antes que salvar vidas. Su mansión es fría, sus sonrisas falsas y su moral inexistente. La película disfruta exponiendo su hipocresía: se creen benefactores de la humanidad mientras explotan todo lo que puedan, incluso a una criatura mágica moribunda.
Pero aunque la premisa es original, la película va demasiado a lo seguro. Los Leopold son arquetipos (el patriarca avaro, la madre fría, el hijo narcisista) y la trama no sorprende demasiado. Es entretenida, sí, pero se queda en la superficie. Lo mismo pasa con la estética: la fotografía es impecable, pero uno esperaría que se atrevieran a mas para esta historia tan alucinante.

Paul Rudd y Jenna Ortega: Carisma Sin Mucho Que Hacer
El mayor problema que tiene la película es tratar de que el publico empatice con Elliot y Ridley, aunque el argumento puede ser solido la pelicula no les da suficiente desarrollo. Rudd hace lo que puede con su carisma habitual, pero su personaje —un viudo que intenta reconectar con su hija— se pierde entre el caos de los Leopold y los unicornios asesinos. Ortega, por su parte, demuestra presencia, pero Ridley es un personaje plano, más un recurso que una protagonista con profundidad.

¿Merece la Pena?
¿Es “La Muerte de un Unicornio“ una obra maestra revolucionaria? No. ¿Es una película divertida, llena de sangre, humor negro y escenas memorables? Absolutamente sí.
Si buscas una noche de cine casual, con risas ácidas y muertes creativas esta película cumple con ello. Will Poulter es una delicia, los unicornios dan miedo de verdad y el ritmo no decae. Eso sí, no esperes profundidad emocional o una reinvención del género. Es como un unicornio manchado de sangre: fascinante, salvaje y divertido, pero quizás no tan mágico como su leyenda prometía.
